Pecados capitales 4:

Avaricia

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Este debe ser uno de los peores pecados, según mi punto de vista, porque hace que la gente viva y gire entorno al deseo material. Olvidándose de las maravillas naturales de la vida, de los momentos, los detalles, y todo aquello que no se puede comprar con el dinero. Porque aunque muchos crean que el dinero puede comprar la felicidad, están lejos de tener la razón, pues puede ser cierto que ayuda a hacer muchas cosas, o tener otras tantas, pero no vale de nada tener todo el dinero del mundo si no sabemos disfrutar de las pequeñas cosas. O si no sabemos vivir la vida día a día aprendiendo a ser felices por nosotros mismos y no por los bienes materiales que anhelamos obtener.

Además por lo general los avaros suelen amontonar dinero en cuentas bancarias, pero no lo gastan. Y atención codiciosos he aquí lo peor de la avaricia: de qué sirve juntar mucho dinero en vida, si no lo vas a gastar y no lo vas a disfrutar. Claramente el diablo no te dará un espacio VIP en el infierno por tener más plata, y los gusanos tampoco disfrutaran más tu cadáver por ser el de una persona rica, te comerán igual que a todo el resto de los mortales. Y peor aún el dinero que tanto amaste y protegiste en vida se convertirá en fuente de peleas y odios para quienes fueron tu familia (lejana o cercana), y si eras un viejo(a) avaro y solitario tu plata se esfumará en las arcas fiscales o la obtendrá algún caza fortunas más codicioso que tú. En conclusión quiero decir que la plata no te la puedes llevar a la tumba y menos gastarla en el infierno (porque claramente ni un avaro se iría al cielo), entonces para qué juntas tanta plata si nunca la vas a disfrutar.

Muchos personajes de cuentos han representado majestuosamente al avaro clásico como Ebenezer Scrooge, pero lamentablemente la realidad siempre supera a la ficción y existen rehenes de la codicia que no han logrado aprender la lección como lo hizo el señor Scrooge.


Conocido es el caso de un hombre en el norte de Chile que murió en la miseria absoluta y se alimentaba de palomas en una casa que apenas tenía techo. Cuando él murió saltó a la luz pública el hecho de que era multimillonario, y justamente por eso lo habían matado para tratar de obtener “a la mala” parte de sus cuantiosas propiedades. Él parecía un vagabundo a la vista de todos, y hasta lastima le causaba a sus vecinos. Lamentablemente para este hombre él único que se enteró de su gran fortuna fue justamente quien lo asesino, otro avaro que ahora paga en la cárcel y no puede disfrutar ni de su dinero, ni del que obtuvo quitándole la vida al “Señor de las palomas”. Ven que la avaricia no lleva a nada bueno...


5 comentarios:

La candorosa dijo...

Tiene usté razón, la avaricia no lleva hacia ninguna parte... por esa razón quiero tener numerosas y abultadas cuentas bancarias para gastar a troche y moche en esta vida... o sea ¡¡darme la buena vida, feliz y contenta!!!

¿Así si se puede?...

Saludos grandes y mi candor, siempre!!!

Karenvon dijo...

Candorosa:

Siiii pos así se puede, lo ganado puesto y gastado :P

Saludos

Border dijo...

Una vez le preguntaron a Borges, poco nates de morir, que es lo que mas se recriminaba.
El muy suelto de cuerpo dijo una frase que me marco mucho:
"Sufri el peor de los pecados, no fui feliz"
Creo que eso resume como debe ser uno en la vida.
Sos avaro, no lo disfrutaras despues de muerto.
Besote grande para ti.
Buen dia.

markin dijo...

En todo, se pude llegar a extremos. Total, siempre esas exageraciones juegan en contra nuestra.

Tampoco sería la idea, de ganar y gastar... pensando en que toda la vida vas a ganar.

Ahorro... trato de tener tino en mis gastos. Y siempre estoy con la idea de: "no des el pescado, enseña a pescar".

Así que: "una monedita" en la aclle, no va conmigo.

:)

chau.

r.- el corre ambulancias dijo...

es bueno laburar para ganar platita

y es mejor tener un tiempo libre para gastarla y disfrutarla

sino, la ganas para que la disfruten otros cuando no estas

y siempre fiel a las enseñanzas de mi padre: yo no mantengo giles; asi qeu se la va gastando a medida qeu la gana

un filosofo padre